lunes, abril 17, 2006

Persiguiendo al saltamontes


Aún guardo el recuerdo de un sueño que tuve el viernes pasado.

Cuatro amigos nos encontrabamos una soleada mañana de primavera en un lugar mágico. Las nubes habian dejado paso a los rayos de luz y el sol brillaba en todo lo alto regalando a aquel lugar un color privilegiado. Las primeras lluvias primaverales hacian brotar miles de flores y los insectos revoloteaban por el aire empapandose de la cálida temperatura. Nos habiamos trasladado hasta alli con el fin de disfrutar de un magnifico dia de mtb. Impacientes, una vez realizados los preparativos, no dudamos en comenzar la ruta atravesando un puente. En cuanto dimos las primeras pedaladas por un tramo de pista, un saltamontes nos adelantó brincando velozmente. En un principio intentamos seguirle bromeando, pero nos dimos cuenta de que alcanzar al veloz insecto no iba a ser nada fácil. Nos introdujo en un sendero en medio del bosque. El sendero discurria al lado del curso de un rio. Era un sendero serpenteante rodeado de vegetación muy cerrada. Se rodaba muy rápido, las curvas se enlazaban una detrás de otra mientras las ramas golpeaban en nuestros brazos en cada giro. Raices, palos y piedras añadian un entretenimiento extra para aquel maravilloso "singletrack". El saltamontes sin querer nos habia introducido en un paraiso biker inigualable. Seguia brincando firme en cabeza del grupo y nosotros mientras tanto pedaleando como locos por aquel increible paraje.
De pronto el sendero tocaba a su fin. Un puente aparecia a la derecha e invitaba a cruzarlo. El saltamontes como no, tomó esa dirección. Los saltos con sus poderosas patas traseras eran formidables. Avanzaba firme salto tras salto mientras nosotros continuabamos con nuestra persecución particular. Nos invitó a subir por una pista tendida para luego disfrutar de una bajada por un sendero en la ladera de una montaña. El terreno era seco y pedregoso. El agarre perfecto. Los neumaticos mordian el piso en cada curva. Giros, saltos, velocidad. Todos dibujabamos una sonrisa en la cara, nuestro rostro sudaba satisfacción.

Sin un minuto que perder intentamos de nuevo dar caza a nuestro "guia" el saltamontes. En esta ocasión la persecución nos llevó a otra subida tendida por carretera precedida de unos pocos kilometros por una pista preciosa entre trigales recien plantados. De pronto tomó un sendero en subida hacia la derecha. El sendero se iba haciendo cada vez más técnico y la subida por lo tanto, más dura. Era dificil seguir el rastro de nuestro pequeño amigo por un lugar asi. Un poco más arriba volvió a aparecer y esta vez nos introdujo por un sendero de bosque que más tarde conducia a una trialera de piedra muy larga y llena de curvas cerradas. Los frenos estaban al rojo vivo y cada uno intentabamos sacar lo mejor de nuestra conducción para poder disfrutar de aquella increible bajada sin dar con nuestros huesos en el suelo.

Comenzamos a hacer cábalas. Aquel pequeño insecto parecia habernos leido la mente. Parecia haberse propuesto enseñarnos los mejores rincones de aquel paraiso biker. Pero, no podia ser... era solo un pequeño insecto. Aquello comenzaba a escapar de la razón.
Lo cierto es que daba igual. Una sensación de total plenitud inundaba nuestro cuerpo anulando la minima sensación de cansancio o fatiga. Seguiamos haciendo cábalas cuando nuestro pequeño "guia" apareción saltando detrás de un arbol. Comenzó a tomar una velocidad increible que hacia muy costosa nuestra persecución. Era como si quisiera hacernos pagar de alguna manera el ultimo regalo que nos iba a hacer. Cruzó un puente tomando un sendero a la izquierda. En esta ocasión el sendero picaba hacia abajo por lo que se rodaba realmente rápido. La vegetación era cerrada y los golpes con las ramas en los brazos eran de nuevo algo habitual. Las curvas transcurrian rápidas, era todo un placer enlazarlas con soltura. Las piedras del camino esperaban ansiosas la trazada de nuestra cubierta delantera. El sudor caia de nuestra frente animado por un sol radiante mientras aquel todo parecia ser la letra de una canción perfecta. Cada uno de nosotros pedaleabamos veloces por aquel entorno. Cada uno con su banda sonora particular en la cabeza. Intentando alcanzar al saltamontes, por un momento nos sentimos como elevados a otra dimensión. Un mundo en el que el biker encontraba la felicidad absoluta. Era curioso pero lo que habia comenzado como una inocente broma se habia convertido en una de las mejores jornadas de mtb de nuestra historia biker. Aquel pequeño aliado nos habia conducido por unos lugares privilegiados hasta alcanzar un extasis biker sin igual.

Cruzamos un ultimo puente y el saltamontes nos introdujo en una pista al lado de un rio. Nos mirabamos los unos a los otros disfrutando de nuestras plenas sonrisas. Pedaleabamos relajados cuando vimos que el saltamontes decidia dar por concluido aquel inocente juego. Poco a poco se alejo por aquel ultimo tramo de pista que curiosamente nos condujo hasta el lugar de partida. Todavia incrédulos por lo ocurrido, tratamos de tomar aliento sentados en torno a una mesa. Nada mejor para concluir una buena ruta.

A veces, cuando pedaleo acompañado por lugares como los que nos enseñó el saltamontes, me invade una sensación de satisfacción muy grande. Miro la cara de mis compañeros y sus sonrisas hacen que todo sea perfecto. Esas sonrisas que denotan esa complicidad, que te hacen saber que estan sintiendo la misma satisfacción que tu estas experimentando en ese momento, son algo extraordinario. Son tan increibles que ha veces crees que estas viviendo un sueño. Un sueño como el que tuve el viernes pasado